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La catarsis de la bruja del bosque

Foto: Hugo Passarello Luna

Escrito por Lorena Ventura @lapajareradepapel

Algunas lecturas se quedan grabadas en la piel y otras como Matate amor de Ariana Harwick se quedan en tu cabeza, como si se tratara de una voz perturbada que te pide ser escuchada. Esta sensación me dejó la lectura frenética de este libro.

Al comenzar a leerla me generó un conflicto interno, normalmente busco lecturas que me desafíen intelectualmente o me agraden por el tema o por sus personajes; sin embargo, esta obra tiene un estilo muy particular, es una escritura desquiciada y atrayente a la vez que me cuestiona mucho.

“Busco a alguien que pueda perturbarme como lo haría un animal moribundo. Y cuando deseo soy una vaca con la cabeza atorada. Y si deseo soy un ciervo entrando al bosque como lo haría un novio a la iglesia”

Leerla fue como el morbo que te da al querer ver a un animal moribundo que sabes que te terminará perturbando, pero igual lo haces porque es parte de tu propia naturaleza incomprendida. Naturaleza que a veces te juega en contra, haciendo que por presión vivas una realidad que no querías para ti, como el buscar una pareja, casarte y ser madre. Estos cuestionamientos surgen a través de su lectura.

Mátate amor de Ariana Harwick me atrajo como lo hizo Virginia Woolf con su prosa, por ser retadora no solo a nivel técnico sino por rebasar la lógica, por ser contradictoria, por jugar con mi mente y cuestionarme constantemente si los sucesos que acontecían eran parte de la trama o pensamientos de la protagonista. Sin embargo; esta escritura desbordante, que se pierde entre los pensamientos de esta mujer puede alejarnos de la historia y de la propia protagonista, que en muchas ocasiones podríamos decir que peca de snob.

Metáforas e imágenes construyen el relato, sin ser una prosa poética pulida como la de Virginia Woolf, la naturaleza y principalmente el bosque se vuelve una gran figura para la interpretación de esta novela. Comenzamos en una casa de campo, pero poco a poco nos adentramos a otro tiempo y espacio, ya no solo estamos ahí únicamente, sino también en la mente de la protagonista, como si se tratará de un bosque, donde nos hayamos perdidos, donde andamos en círculos sin saber si hemos pasado por ese camino o es otro nuevo.

La protagonista y el bosque, lugar de escape no solo físico sino mental es un espacio de liberación donde se puede llegar a ser uno mismo, donde te puedes rendir a los placeres, contemplar y ser observado.

“Cuando tengo sexo conmemoro aniversarios ausentes. Cuando me enamoro, ahora mismo, mientras me sacudo, echo tierra sobre un cajón. Qué importa de quién. Y cuando me masturbo profano nichos y cuando acuno a mi bebé digo amén y cuando sonrió desconecto un respirador artificial. Por eso el beso, porque, de todos modos, desde hace tanto e, incluso, desde antes de nacer, y mientras mi esposo anda gritando por ahí́ de celos, estoy muerta.”

¿Siempre me he preguntado desde cuándo se relaciona a la mujer con la naturaleza? Investigando un poco descubrí que la relación de mujer/naturaleza ha pervivido a largo del tiempo, tomando siempre connotaciones negativas. La historia ha concebido a las mujeres como seres irracionales, dominadas por el sentimiento y la emoción y también ligadas a la brujería; mientras los hombres son representados por la razón, el juicio, el saber y los conocimientos legitimados.

Hace un tiempo leí La bruja de Jules Michelet, en donde se menciona que la noción de bruja inició con la relación de la mujer y el contacto que ella tenía con la naturaleza. Mujeres que vivían solas en casas en el medio del campo, que se dedicaban a las labores del hogar y a cultivar, desarrollaron habilidades que las destacaron como curanderas. Sin embargo; los hombres de ese tiempo las acusaron de herejes por practicar brujería, por obtener un conocimiento por la naturaleza y no por la ciencia. El significado de la palabra bruja es mujer sabia o mujer con poder; pero por la ignorancia de esos tiempos se les relacionaba con el diablo, desacreditando los conocimientos de estas mujeres y terminando estas muertas en la hoguera.

No es casualidad que la protagonista de la historia tenga un fuerte nexo con la naturaleza, que pase sola con sus pensamientos, cuestionando la realidad que vive y no acepta, paradójicamente en una casa en medio del campo, que en vez brindarle paz la llena de conflicto. Al sentirse perdida se reconecta con la naturaleza y con los animales que habitan el bosque, principalmente con un ciervo. Esta relación entre el ciervo y ella es el reflejo de la incomprensión que siente, como si ella fuera un animal salvaje, aunque frágil, por estar fuera de su hábitat. Su sentir es distinto y sabe más de lo que los otros piensan. Esto será su perdición y redención a la vez.

Dentro del club de lectura nos afectó leerla por cómo trata temas como la maternidad y los múltiples roles que se nos han impuesto por ser mujeres. La voz de la protagonista se convierte en el grito desesperado de muchas madres y esposas. Ella busca conectarnos con su lado más salvaje, desquiciado y de bruja que rompe con los estereotipos para ser libre. Por otra parte, la amamos y la odiamos a la vez por cuestionarnos, por ser ella misma, por no buscar agradar, por vivir en su propio mundo, por ser snob y tan contradictoria a la vez.

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